La peste negra – Historia, alcance y repercusión.

Bienvenidos, de nuevo, a Ciencia a tu Alcance en su versión escrita. Hoy voy a hablaros de la mayor pandemia de la historia de la Humanidad, en cuanto a cifras, y en cuanto a alcance global: la peste negra, por delante de la peste de Justiniano, un milenio atrás, que amenazó con destruir Europa y el Imperio Romano (algo que ni tan siquiera todos los pueblos unidos habían conseguido).

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‘El triunfo de la muerte’, de Brueghel el Viejo.

La peste negra, originada por el bacilo Yersinia Pestis –del que hablaré más tarde-, surge en la primera mitad del siglo XIV, viviendo su culmen entre 1347 y 1353, en Asia. En esta época, lo que actualmente conocemos como ‘Europa’ era una amalgama de de Imperios y Coronas: el Sacro Imperio, Castilla, Aragón, Navarra, Granada, Nápoles y Sicilia, Génova, Roma y, cómo no, el Imperio Mongol, que –pese a estar desmembrándose en territorios menores– había sido uno de los mayores de la Edad Media.

Demográfica, social y económicamente, el siglo XIV comenzó de forma inmejorable. El clima era benigno, las cosechas eran fructíferas y la población de Europa se había disparado hasta los 80 millones de habitantes, mientras la asiática repuntaba después de las sangrientas guerras del Imperio Mongol. Esta situación de tranquilidad permitió al vulgo trabajar más, idear nuevos inventos y poner en práctica revoluciones agrarias como la introducción del caballo, el arado o permitirse dividir sus parcelas en más porciones para, así, poder ‘alternar’ los cultivos y aprovisionarse de una mayor variedad de alimentos. Sin embargo, todo cambió en las primeras décadas del mismo. La población siguió creciendo sin control, no había animales suficientes para trabajar el campo, las parcelas no podían responder a la creciente demanda de alimentos de cada vez más bocas y, ante la escasez de pasto para los animales de trabajo, por la ocupación de los cultivos, los campesinos optaron por talar bosques, lo que originó una reacción fiera de los nobles, que utilizaban, principalmente a modo de recreo, estas propiedades para cazar animales (actualmente, cotos privados).

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‘Paisaje invernal con patinadores sobre hielo’, de Hendrick Avercamp.

Paralelamente a estos sucesos, de 1315 a 1320 sobrevino la ‘Pequeña Edad de Hielo’, cuyos efectos duraron un lustro, y que arrasó cosechas por todo el mundo, diezmando las fuerzas y los efectivos de la población por una grave hambruna y congelación (las casas de la época eran de planta única, frías, y dependían de la leña talada para calentarse). Esto generó un freno en el avance demográfico y supuso que la generación de 1315-1320, que viviría en su adultez la peste, fuese, en gran parte, desnutrida, débil o muy pobre como para vivir en condiciones decentes.

Posteriormente a esta hambruna, y a causa de una mayor paz en Europa y Asia, la economía creció, las caravanas de la Ruta de la Seda en el Imperio Mongol no paraban de ir y venir, transportando mercancías que supusieron uno de los ejes económicos más importantes del viejo continente, y se construyeron, con el fin de cruzar más rápidamente los estrechos, mares y rutas de importación y exportación principales de cada región portuaria (Castilla, Aragón, Génova, Marsella…) cada vez más y mejores navíos. Eran auténticos barcos de mercancías partiendo de ciudades portuarias bajo la mirada de imponentes catedrales góticas que se alzaban con el dinero de un clero dominante sobre cualquier estamento, y que no veía su flaqueza cerca (ni lo haría en muchos siglos).

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La catedral de Brujas, erigida en el siglo XIV.

Este gótico, poco antes de la segunda mitad del siglo XIV, aceleró el proceso de constitución de las ciudades y el abandono del campo, en parte por la fuerza que cobraron los gremios (agrupaciones de trabajadores del mismo oficio, como los torneros, los peleteros, campaneros, costureros…) y la consolidación de la burguesía (clase media, adinerada, gracias a su status previo o a su don de trabajo). Asimismo, ésto trajo el desdén hacia las poblaciones campesinas, ‘plebeyas’, ‘vulgares’, ‘pordioseras’, como se decía en la época, compuestas por pastores, vendedores de animales, gitanos que habían emigrado de Asia y eran mal vistos, o vendedores ambulantes que, generalmente, llegaban a los mercados y las calles de las villas para estafar con baratijas, muchas veces robadas, a los que se escarniaba públicamente. Esto generó una sociedad urbanita, sin una filosofía establecida, con una Medicina todavía ‘en pañales’ donde se atribuía prácticamente todo a la teoría humoral recogida del milenio previo, donde las disecciones estaban prohibidas y donde no se conocían Anatomía ni Fisiología y el diagnóstico era humoral, empírico y analizando los textos clásicos, sin la posibilidad de innovar (muy pocos lo hacían, clandestinamente, los cuales eran ajusticiados o nunca pudieron legar su saber, al menos en vida, por miedo a la represión). La Iglesia, por tanto, pese a las disensiones en el papado (Clemente VI trasladó la Santa Sede a Avignon, Francia), seguía siendo el ente más beneficiado del Antiguo Régimen en que los más pobres debían trabajar para pagar y, la nobleza, el clero y la Corte recibían impuestos de sus explotados.

Por tanto, en 1345, llegamos a una sociedad sin Medicina, empobrecida y debilitada, con una gran cantidad de rutas comerciales, cuyo beneficio no siempre recalaba en el pueblo, con una densidad de población urbana exagerada y con una cantidad de puertos, caravanas y navíos intercontinentales nunca antes vista: el caldo de cultivo perfecto para que una pandemia arrasase con el 35% de la población europea.

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Mapa de los brotes registrados previos a la peste negra que evidenciaría los posibles orígenes de la peste. El salto principal es directo a la zona referida por los diversos autores.

 

Hacia 1345, sin precisarse su origen, surge una nueva enfermedad, sobre la cual no existe consenso, para la cual los médicos de todos los continentes no estaban preparados, ni tenían medios o útiles para investigar, ni tiempo… ni vida. Escriben autores chinos que, posiblemente, se originó en China, escriben autores árabes, en 1346, que su origen fue en un kanato del Imperio Mongol, posiblemente al sureste de China o Asia, en contacto con Yemen o, más aceptadamente, en Uzbekistán, donde algunos historiadores sitúan al paciente cero que infectó a los mongoles y, de ahí, a todo el Imperio.

Lo que sí se conoce es que, en plena lucha del ejército genovés por controlar los embates del Imperio Mongol, éste, en el sitio a la ciudad de Caffa, actualmente en Crimea, llegan los mongoles, muchos de ellos con cadáveres de sus soldados, infectando las ciudades, lanzándolos a lugares comunes, catapultándolos y contagiando a los ciudadanos, para facilitar su rendición. Se cree que, obviando este relato fantástico, la verdadera causante de esta infección, fue la rata negra, muy común en Asia que, viajando por los barcos de guerra de los mongoles, infectadas por el bacilo de la peste, picaron a mongoles, genoveses y todos aquellos con quienes se toparon.

En 1347, se fleta el primer barco de genoveses, que huyen de territorio mongol al ver caer a sus compañeros que lo tenían, sin saber que ellos estaban, también contagiados, algo que desconocían por durar semanas la incubación de esta bacteria, desde Crimea hasta Mesina, una expedición que comenzaría en octubre y finalizaría en diciembre, el mes más crudo para la población, tanto por escasez de alimentos como de materias primas. Así se importó la enfermedad, de China a Italia. Durante la llegada de los barcos, en 1347, se deja constancia de que ‘muchos barcos no llevaban tripulantes vivos’, ‘llegaban barcos fantasmas’. Por el momento, sólo Crimea y parte de la costa de la actual Italia habían sido infectados. Las muertes eran muchas, pero, al estar concentradas en ciudades y, éstas, bien separadas del campo, no había habido casos sin filiar. Todos eran importados. No había un peligro real.

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Y así es cómo se origina una pandemia en el siglo XIV. Exactamente igual que en el XXI.

Sin embargo, a partir de 1347-1348, los barcos de Génova, Marsella, Nápoles y Barcelona seguían yendo y viniendo, al igual que las caravanas de la Ruta de la Seda, infectando regiones de naciones puntualmente de forma local. Esta transmisión pasó a ser continental cuando el reino de Hungría entró en guerra con el reino de Nápoles, ya que Luis I de Hungría reclamó el trono de Nápoles, que pertenecía a su hermano, el Príncipe Andrés, al que su mujer, la reina Juana I de Nápoles, asesinó brutalmente. Así, los húngaros desplegaron a miles de soldados, ajenos -ante la inexistencia de medios de comunicación en aquella época- a la irrupción hacía escasas semanas de una ‘extraña y letal enfermedad’. Adentrándose en tierras napolitanas, empezaron a morir a razón de decenas primero, y centenares después, de soldados al día, y tuvo que cancelarse la campaña.

Aquí surge otro caso de importación: desconociendo la contagiosidad de la enfermedad, y de que ellos mismos estaban contagiados, al igual que sus compañeros muertos, los húngaros trajeron la peste a sus hogares. Tanto es así que, en una época en que el ejército estaba a los mandos del rey, y éstos tenían múltiples concubinas, la propia reina consorte de Hungría murió ‘apestada’. Los movimientos de mercancías de una Europa contagiada hicieron que, en 1348, Francia, España e Inglaterra sucumbiesen ante la peste y, cruzando el Mar del Norte, cayesen, también las regiones escandinavas. Nunca se confirmó, pero también se vinculó la muerte de Alfonso XI de Castilla, en Gibraltar, a la peste contraída en Castilla semanas antes en su Corte de sirvientes y militares, cuando toda la población permanecía confinada para no morir como las personas a quienes veían por la calle, ajena a que ya lo estaba, y quizá lo haría.

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Cuadro de una pareja apestada – Biblia de los Toggenburg (Suiza), 1411.

Estas personas, que incubaban en sus casas la bacteria entre dos y cuatro semanas sin conocerlo, dado que casi todas las casas de las villas de Europa estaban atestadas de ratas a causa de la insalubridad, la pobreza, la densidad de población y la ausencia de redes de alcantarillado e higiene pública (que movían a la población a lanzar sus necesidades por las ventanas al grito de ‘¡Agua va!’, para el espanto y la carrera de los transeúntes), campaban, ajenas a todo, por posadas, talleres, campos, navíos, carros… y, súbitamente, de la mañana a la tarde, morían. La mayoría, sin excesivos síntomas, pero, muchos otros, se levantaban con fiebres de 40 grados de la siesta, o en plena noche, en muchos casos sangrando, con marcas negras por hipoxia o anoxia en la piel tras una peste septicémica, deshidratación por los sudores fríos que empapaban los catres, y olor pestilente (de ahí la palabra ‘peste’ o ‘apestoso’ para describir el mal olor, que sigue vigente en el castellano de 2020, debido a que se reventaban los ganglios linfáticos inflamados o ‘bubones’. El tiempo de muerte era de 14 horas o menos. Si la persona duraba más de un día con esta sintomatología, se curaría muy raramente, o tendría una muerte agónica.

Es aquí cuando surge el concepto de ‘cuarentena’, precisamente en Italia (‘cuarenta días’), ya que los investigadores italianos, muchos de ellos altos cargos de las villas y ni siquiera médicos, calcularon que la enfermedad tardaba un máximo de 39 días en aparecer y que todos los supervivientes, pasados ese tiempo, no podían volverse a contagiar, eran ‘inmunes’. Por ello, se estableció 40 días de reclusión y confinamiento a los habitantes italianos para frenar, con cierto éxito, la pandemia de peste. Siempre se dice ‘con cierto éxito’ porque, como en todo patógeno, existía una ‘ventana de contagiosidad’ en que el paciente era asintomático y contagioso, y eso hizo que muchos confinados, antes de haberlo sido, ya hubiesen infectado a multitud de compañeros.

¿Murieron todos? ¿Cómo sería hoy? No. Las fuentes más fiables que tenemos en una Europa en que sólo se censaba a los contribuyentes del reino y con casa (principalmente, trabajadores de ciudad y campesinos, no así inmigrantes, esclavos -de haberlos- y ‘parias’), situaron en un 80% la tasa de letalidad. Luego veremos que fue algo inferior, del orden del 47 al 55%. Es una cifra sin precedentes, que –a día de hoy-, podría haber sido mayor a nivel de contagios, por la globalización y el largo tiempo de incubación, pero menor a nivel de muertes, porque no poseemos ratas en los hogares (generalmente), poseemos alcantarillado, bloques de edificios, agua potable y un Sistema Sanitario que antes ni tan siquiera era competencia del reino, pues la ‘Medicina’ eran médicos burgueses o nobles de cuna que habían logrado acceder a los estudios, en una época en que las Universidades brillaban, por lo general, por su ausencia (en Valencia, por ejemplo, comienzan en 1499).

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Las 3 formas de la peste, cortesía de ‘Steady Health’.

¿Y la sintomatología, era únicamente fiebre, bubones, hedor y muerte? No. Como en toda enfermedad, había hasta tres variantes, una tríada de casos clínicos según los cuales sobrevivías, morías lentamente, o morías en el lapso en que salía y se ponía el Sol. La primera forma, y más corriente, era la ‘primaria’, de la cual moría una gran parte de la población (se cree que un 40-50%, pero las fuentes censales no distinguían nunca entre tipos de enfermedad, sino que son clasificaciones extemporáneas que jamás nos lo permitirán) pero no toda, y concentraba al 100% de los curados. Dicho de otro modo: era altamente letal, pero la única de la cual podías, con suerte, curarte, sobre todo si tenías higiene, a un médico a tu alrededor y suerte. Tras la primaria, estaba la ‘septicémica’. La bacteria, Yersinia Pestis, se hacía con el torrente sanguíneo y viajaba a través de él sin ningún obstáculo, emitiendo toxinas y tardaban pocas horas en salir manchas oscuras en la piel, lesiones subcutáneas por toxina, tras las cuales no había jamás recuperados, y se moría en horas. Por este motivo, se la denominó ‘muerte negra’. La tercera forma, o ‘neumónica’, era un síndrome respiratorio severo y letal que provocaba tos con mucosidad muy abundante, purulenta, resonante, que hacía colapsar los pulmones y, por la tos, nebulizar la bacteria para que el resto de habitantes del recinto la inhalasen y enfermasen también, generalmente, con el mismo cuadro letal. Ninguno sobrevivía a ella.

¿Por qué la peste mató al 30% del mundo en tan sólo 6 años? Como se ha dicho, la letalidad era alta, y la importación de casos en un mundo de barcos, caravanas y guerras esporádicas, elevó la tasa de contagios por persona o R0 hasta un punto en que casi toda la población estaba destinada a pasar por el patógeno, viva o muerta. Pero es que también se ha mencionado la ‘forma neumónica’. Si bien la primaria era la principal, y no emitía aerosoles para contagiar al resto de la población, la más contagiosa fue la neumónica, cuyas toses expectorantes de los pacientes cargaban millones de bacterias por cada gotita que expulsaban y que quedaban en el ambiente, preparadas para que un paciente sano las inhalase. Por este motivo, la transmisión local fue tan desmesurada. Esto explica que las ciudades cayesen tan rápido, pero, ¿y los países y los estamentos superiores? Es evidente que, si la forma neumónica y, por tanto, contagiosa, duraba de 0.5 a 3 días con vida, era imposible que contagiase a muchos individuos que, además, permanecían confinados, por lo que se establece una hipótesis totalmente lógica: la transmisión local se vio favorecida por las microgotas de la peste neumónica, la única contagiosa en gran medida, mientras que la transmisión global y descontrolada, que debe ser la más abundante en número (y no en tasa de infectividad) fue, como se esperaba, la peste más abundante en casos, y menos en infectividad: la primaria. Sí, los barcos, caravanas, personas, cadáveres, ratas y pulgas, de aquí para allá y sin saber que estaban contagiados, asintomáticos o bien febriles, sin más, fueron infectando a la población a un ritmo más lento, pero más global y repetitivo, y las pulgas fueron picando a más ratas, más ratas fueron transportadas y, al final, más ratas entraron a las villas, a sus casas y contagiaron al resto de la población.

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Aquí podéis ver cómo se transmitió la peste. Dentro de cada país, las flechas cortas indican transmisión local (avance humano). Entre países, las flechas largas indican casos importados (avance de navíos, caravanas o campañas de guerra).

En ciudades como Marsella, Nápoles, Barcelona… entraban por los puertos, llegaban a los burgos donde residían los más ricos mercaderes y burgueses y, de sus servidores, a la villa. Las ratas, que campaban libremente, infectaban a campesinos y, así, separada la ciudad del pueblo, morían en silencio a razón de miles diarios. Mientras tanto, estos productos, manipulados por personas contagiosas y en barcos y caravanas apestados, que recorrían múltiples destinos a lo largo de los meses, eran los responsables de hacer avanzar a razón de 25 millas (unos 40 kilómetros) al día por cada sitio sano a la peste. Por ese motivo, en meses, se infectó Europa entera. Entre 15 y 35 días de incubación, la bacteria había recorrido entre 600 y 1500 kilómetros. Las distancias, por ejemplo, del puerto de Valencia al de Vigo, o de Barcelona a París. Entre las personas, dado que casi todas estaban contagiadas a nivel local o confinadas para evitarlo, la tasa fue de entre media y una milla al día (0.5-1km) por lo que explica que la tasa de contagio entre los países sólo fuese posible mediante el comercio de forma efectiva y, la de contagio entre las regiones sólo fuese exitosa mediante el flujo de personas que, en un periodo de 15 a 35 días de incubación o convivencia con el bacilo, podrían cubrir de 8 a 35 kilómetros de distancia. Actualmente, esa distancia es muy reducida, salvo en los pueblos. Antiguamente, 35 kilómetros podrían implicar la gran parte de los núcleos de población de las regiones portuarias. Y, si sumamos otros 35, ya habían saltado del puerto al burgo, y del burgo a las villas rurales (como en Cataluña). ¿Por qué no llegó a Islandia o Finlandia, prácticamente? Los pueblos y ciudades de dichos países estaban escasamente pobladas entre sí, las poblaciones distaban muchísimo entre ellas y, encima, no eran lugares portuarios o mercantiles de referencia, al igual que no se libraban guerras en ellos que exportasen e importasen fuerzas militares, por lo que la tasa de contagio fue menor que 1 y no alcanzó el estatus de epidemia.

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Una imagen que, quizá, todos habremos visto. El Doctor de la Peste. Imagen referenciada en 1656.

¿Por qué el hecho de huir de una zona muy densamente poblada permitió el mayor contagio local, si toda la población estaba en las urbes? Concretamente, porque en las urbes toda la población se podía contagiar en apenas meses y, pese a ser insalubres, había condiciones mejores de higiene que en los pueblos. El lema de ‘huye y no vuelvas’ que se instauró en España o Italia, en que se instaba a la población a huir al campo donde sólo estaban los campesinos y ‘muertos de hambre’, hizo que las ciudades, contagiadas, emigrasen en bloques a los campos, sin contagiar, y no dejasen ninguna zona exenta. Por ello, la tasa de mortalidad de la peste se sitúa entre, realmente, el 60 y el 80%. Si pudo acabar con cerca del 30% de la población mundial, y puso en serio peligro a Europa, es porque, si sacamos cálculos, más de la mitad de la población la contrajo en un periodo de no más de 2 a 3 años (unas 20 generaciones del bacilo). Repetimos: una Europa con 80 millones de habitantes, en que murieron más de 40 millones de habitantes (la población española), y que no se pudo regenerar ya que los niños (bebés o adolescentes) que sobrevivían, no tenían a quiénes recurrir y de dónde alimentarse.

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El famoso ‘Ángel de la Muerte’ bíblico, visitando a una familia.

¿Qué pensaba la población, mientras veía la peste avanzar sin poder pararla? La población de entonces, carente de filosofía y en un dominio de la Iglesia sobre su vida, y como máxima autoridad de los Reinos a nivel práctico, creía que era una plaga, un ‘ángel de la muerte’ (como se dijo acerca de la viruela, atendiendo a pasajes bíblicos), que era producto de los eclipses, de las alineaciones planetarias, un castigo, un ambiente sucio o impío por cuyos miasmas (‘materia en suspensión’) viajaba un agente letal, un justiciero, que era producto de las erupciones en Italia de los volcanes, de los seísmos, de castigos, o de los pasos de cometas que se sucedieron durante dichos siglos, y que también se atribuían, como las lluvias de meteoros, a deidades. Siguiendo los pasajes bíblicos, cualquier motivo que se adujese tenía como sujeto principal al ser humano y un castigo por sus pecados ya que, la Biblia, decía en algunos pasajes que ‘Jesús murió para salvarnos de nuestros pecados; si no volvíamos a cometerlos, no habría pecado, y no dejaríamos de estar a salvo’. Mucha gente lo tomó como el producto de una mala disciplina, y un castigo por Justicia Divina.

¿Quién la causó? Existe este dilema entre quién pudo causarla. En el siglo XIX, en que todavía se creía en los miasmas y la pureza el ambiente (en la epidemia de cólera de España las autoridades instaban a buscar la pureza y limpiar los aires para pararla), a pesar de que siguió habiendo posibles oleadas tres, cuatro, cinco (…) veces del mismo patógeno, seguíamos sin estar preparados para resolver el misterio. En el siglo XX, el auge de la biología molecular y de la microbiología permitió a los científicos investigar y, por ello, generar controversia. Unos autores defendieron que venía de mamíferos de África y era totalmente nueva, y situaban en Uganda o Kenya el posible origen, mientras que otros autores la declararon como reemergente, buscaron evidencias bibliográficas históricas para confirmar que hubo similitudes con otras supuestas oleadas y situó su origen tras la caída del Imperio Romano en especies de ratas de Asia (ya fuese Yemen, Uzbekistán o Mongolia, como decían los chinos y los árabes).

El hecho de que se pensase, en primera instancia, en una bacteria almacenada en las ratas, viene de 1894, cuando el gobierno francés, una de las mayores potencias mundiales por aquel entonces, envió a Alexandre Yersin y a Kitasato Shibasaburo (después serían conocidos, respectivamente, por la Yersinia Pestis y por el ‘Matraz Kitasato’, a día de hoy utilizado en los laboratorios de todo el mundo) a Hong Kong -entonces colonizada por los británicos- para vencer a la epidemia de Hong Kong, que mató, curiosamente, al 80% de la población. Entonces, sí existían medios de comunicación y las noticias desde Asia hicieron que los gobiernos clausurasen los comercios, las metrópolis e instasen al confinamiento.

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Yersin (suizo) y Kitasato (japonés), lideraron las pesquisas para encontrar al agente causante de esta peste.

Yersin y Kitasato, se dedicaron a recoger signos y síntomas, y -de entre su larga lista-, en todos los pacientes se repetía, constantemente, la presencia de bubones oscuros. Yersin, extrañamente contento, escribió a Gran Bretaña (primero a su familia), diciendo que ‘había encontrado al causante de la Gran Muerte (como se conocía a la peste entonces)’. Sin embargo, desconocía quién pudo vehiculizar tal bacteria que necesitaba de un vector para ser inoculada, así que estableció la rata.

Gran Bretaña, que también poseía, como colonia, a India, contrató a sus mejores entomólogos y médicos para establecer el vector del bacilo descubierto por Yersin, la Yersinia Pestis. De entre ellos, destacaba el intelectual Liston. Éste, inoculó a múltiples ratas la bateria, y se percató de que sólo mataba a las ratas negras. Pero alguien tenía que introducir la bacteria, un organismo nimio, en las ratas. Entonces, gracias al conocimiento del equipo entomológico, averiguaron que la rata negra era colonizada por las pulgas Xenopsylla Cheopis. Estas pulgas, picaban a las ratas, las ratas, eran vectores de la bacteria y, en ausencia de comida en una Europa pobre en el siglo XIV, arrasaban a los humanos a picaduras.

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La posible causante de la peste negra: la rata negra.

Liston, Yersin, Kitasato y compañía, argumentaron que el vector era la rata negra porque en Asia, antes de comenzar las infecciones, se veían centenares de miles de ratas muertas, que no habían llegado a contagiar a sus habitantes, y tomaban medidas de confinamiento para evitar la epidemia, así como también los aceiteros, alquimistas y otros gremios que trabajaban con productos químicos hostiles para las bacterias, sobrevivían sin especiales bajas. Esta explicación fue suficiente, pero en 2011 adquirió más importancia gracias a que un equipo de británico, germanos y canadienses lograron encontrar Yersinia Pestis en restos exhumados de cementerios ingleses de la peste. No parecía haber dudas y, a día de hoy, es la hipótesis mundialmente aceptada.

No obstante, otros biólogos de ratas afirman que no puede ser la rata negra y sus pulgas porque la peste asiática avanzaba más rápido que la europea, o los archivos no mencionan que apareciesen ratas muertas antes de la infección en Europa o que el norte europeo tuviese este tipo de ratas, que precisan de 20 grados celsius para desarrollarse, condición que no existía en Dinamarca, en Suecia, Noruega o Alemania en los duros inviernos de las Pequeñas Edades del Hielo, incluso llegando a Rusia. En estos países, la temperatura media del mes más cálido de verano puede ser de 14 grados. Este es el principal escollo de la hipótesis, puesto que el avance y la presencia de ratas o no se pueden explicar en base a que el contagio local es lento y visible y, el intercontinental, muy rápido e invisible, pero haber hallado Yersinia en Reino Unido es tremendamente raro. Otros expertos en Big Data, hicieron un patrón, simulando pestes aleatoriamente en ciudades medievales recreadas, con ratas, piojos, otros patógenos y enfermedades y, curiosamente, el mejor modelo fue el de parásitos entre humanos. Pero, ¿qué parásitos? ¿Cómo? ¿Y qué haría la Yersinia Pestis en las sepulturas británicas?

También, la literatura establece, en el Medievo, que la peste era altamente contagiosa, pero la bubónica no contagió a más del 2% de los individuos, la negra a un 10-15% y, en algunos casos, hasta el 80%, como hemos visto (la media solía rondar el 40-50%). Por tanto, el bubón que movió a Yersin a establecer a la Yersinia Pestis como el agente causante, sólo sería un signo en común, pero no una explicación suficiente para el cambio del 1000% en la tasa de contagiosidad. La higiene tendría que ver en una disminución notable de la infectividad, quizá recayendo en el territorio del 15 al 25%, pero no explicaría que los sanos, expuestos a enfermos, a finales del siglo XIX, no desarrollasen la enfermedad.

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Tabla de población de Europa. En torno al 40% (de los censados) moriría. Otras estimaciones, sitúan el inicio del siglo XIV en 110 millones y, el final de la peste, en 60.

¿Cuánta gente falleció, y qué conllevó esta pandemia? En la Península Ibérica (que hoy cuenta con cerca de 60 millones de habitantes), entonces habitaba la décima parte de la población actual, 6 millones, y se estima que su población decayó a entre 2 y 2,5 (el 60-65% de España y Portugal, entonces unidas, perecieron). En Cataluña, la cifra subió al 70% y, pasando los Pirineos, entre el 60 y 70%. En Toscana, entre el 50 y 60%. Bolonia, 45% y Florencia, más del 60%, también. Por tanto, se estima, de los 80 millones de europeos que había en 1347, quedaron 30 millones (un 60% menos) en 1353, tan sólo 6 años.

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Probabilidades de salvarse de la peste (vertical, sobre 1) vs. edad (horizontal, de 0 a 100 años). Dramático y catastrófico. No existían grupos de edad, ni de riesgo.

¿Lo hacían con la misma edad, o había probabilidades de salvarse? Como siempre, los grupos mejor parados son los jóvenes (0-18 años), en especial, del grupo de los 0 a los 12, porque su sistema inmunológico todavía es un cadete por formarse y no puede responder masivamente contra el agente extraño, de igual manera que sus órganos están mucho más sanos y pueden responder a cualquier adaptación fisiológica ante la enfermedad. Por ello, si bien era altamente mortal (80% de los contagiados, 50-60% de la población), por debajo de los 20 años existían más probabilidades de vivir que de morir y, por debajo de los 12 años, las probabilidades de vivir eran las mismas que, para el resto de adultos, de morir. No obstante, ningún grupo de edades tenía una tasa de letalidad menor del 20%, por lo que la convierte en una bomba de relojería. A partir de los 40-50 años, nadie se salvaba y, si ya era raro superar los 60 años de esperanza de vida por aquel entonces, la tasa para ellos superaba el 90%. No quedaron abuelos, tíos ni, en muchos casos, padres. Por ello…

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Después de perecer más del 60% de sus habitantes, así se rehizo Florencia en el siglo XV.

Repercusiones de la peste y su afectación a los grupos etarios en el devenir europeo: Repeticiones sucesivas de la peste, evitaron que Europa levantase cabeza demográficamente hablando, pero, debido a la menor población y la necesidad de ‘reconstruir’ un continente, quedando únicamente población joven superviviente de la peste y personas sabias sin contagiar, los salarios aumentaron ante la escasez de trabajadores, todos ellos con muchos años de servicio por delante, lozanos, el campo emigró a la ciudad para recibir un salario y ser considerado en la sociedad, los campesinos recuperaron tierras de familias fallecidas que debían ser trabajadas para alimentar a la población (una población que ya no sufría el desabastecimiento de hacía 30 años), y un auge económico (a menor población, mayor dote de pecunio) llevó a que surgiesen mecenas, grandes pintores y escritores de esa cantera de jóvenes promesas, ejércitos más renovados y, con los navíos previos, expediciones que colonizasen América entera (véase a qué edad explotaron los grandes pintores, escritores y navegantes europeos), por lo que, se considera, la Peste fue la principal ‘culpable’ de modernizar Europa y de precipitar el Renacimiento.

 

Espero que os haya gustado la entrada, que he resumido todo lo que he podido, dándole un enfoque mucho más histórico y epidemiológico que médico, por razones obvias, espero que veáis la importancia de permanecer en casa, de estimar la vida antes que subestimar las pequeñas cosas que suceden en ella, y espero que estéis bien todos, y haya salud para vosotros y vuestros más cercanos. Hacía años que no escribía, y acepto críticas, constructivas y destructivas, en mi vuelta al blog tras tanto tiempo. Si tienes dudas o hay algo sobre lo que quieras que escriba, por favor, dímelo y lo apuntaré en la lista de temas a tratar. Y recuerda: #YoMeQuedoEnCasa. Espero que os haya gustado y, si queréis más, dejad un comentario y lo habrá (!).

4 comentarios en “La peste negra – Historia, alcance y repercusión.

  1. Muy interesante el tema, sobre todo en momento en que queremos saber algo más sobre cómo lidiar con la situación que estamos padeciendo.
    Si no es un desfase mío a causa de un cerebro puesto a descansar hace años, me gustaría que revisara en la parte casi introductoria del articulo ( si se
    Le puede llamar así), en al habla sobre los movimientos sociales de n la que se desarrolla la clase media y habla sobre el surgimiento de los gremios, pues creo que estos no surgieron en esa época, sino, más tarde a partir de la revolución industrial. Por lo demás, comprobaré si estoy equivocado, y lo incentivo a continuar escribiendo para el disfrute y conocimiento de todos.
    Muchas gracias.

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    • Muy buenas noches, Pablo. Me congratula muchísimo leer un comentario, tras tanto tiempo, en el blog y, sobre todo, si es una crítica constructiva, positiva y de una persona que ha leído la entrada. En primer lugar, muchas gracias por haberla leído, por tomarse su tiempo en ello, y más en una época convulsa. En segundo lugar, en España, surgen los primeros gremios a principios del siglo XIII, y se desarrollan mucho durante los siglos XIV y XV (artesanos, boteros, campaneros, peleteros…), que dan nombres a calles, apellidos a personas o, incluso, perduran a día de hoy. En la Revolución Industrial, lo que se dieron fueron sindicatos, pues, lo que antes eran gremios (agrupaciones de empleados de tareas manuales) ahora eran industrias. Lo que, en el siglo XIII, era el oficio de costurero, en el XIX pasaba a ser la industria textil, y lo que en el siglo XIII era el ‘gremio de costureros’, en el siglo XIX era el ‘sindicato de costureros’, en ambos casos, asociaciones que velaban por los derechos y, sobre todo, intereses de los trabajadores. De hecho, la burguesía del medievo nace gracias a los gremios en parte, también surgen Concejos y se reportan en casi todas las ciudades para los siglos de los que hablamos, naciendo el primero en los Condados Catalanes (actual Cataluña) en 1211.

      Finalmente, y esperando haber aclarado su duda (si no hemos ido por los mismos derroteros, hágamelo saber), le agradezco, en tercer lugar, que me incentive a continuar. Mi mayor duda es si ‘esto’ iba a servir, a serle útil a alguien, si iban a querer repetir… y con comentarios como este no me cabe ninguna más.

      Tenga un buen día y cuídese, Pablo. Un cordial saludo.
      -Francisco Cebrián.

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      • Gracias, Francisco:
        El texto ya ha sido leído por parte de un grupo de whatsaap al que pertenezco, y me parece que ha sido bien acogido por los comentarios positivos.
        Me parece que tengo una dicotomía histórica a causa de la lectura de manuales de historia locales República Dominica), en los que se describe como tardío al capitalismo español a causa de la larga guerra de reconquista.
        Se nos enseña que España no tuvo el mismo ordenamiento social que el resto de Europa, ya que mientras que en el resto de Europa el feudalismo da origen a un fuerte sector manufacturero, y este sector a su vez va generando riquezas que construye las ciudades o Burgos alrededor de los castillos de los grandes señores y que de ese conglomerado social surge la burguesía; en España los señores feudales no permitieron el desarrollo de ese sector manufacturero, sino, que preparaban a la gleba para la reconquista de los territorios en poder moro, con la anuncia u el compromiso del rey para el usufructo de una parte importante de dichos territorios ocupados.
        Es así entonces que nacen los grandes terratenientes, habiendo de España una nación de grandes sembradíos y una extraordinaria crianza de ganado. No así de desarrollo industrial. Es por tal razón que en la conquista de las indias orientales ( America), España no pudo ni siquiera trabajar la materia prima encontrada allí, teniendo que venderla en bruto a Inglaterra, Francia… entre otras.
        Parece que tendré que volver a estudiar a esta edad .
        Uno nunca acaba de aprender.
        Gracias de nuevo por su amabilidad.
        Un abrazo.

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      • Muchas gracias por la positiva recepción del mismo, y sepan todos Vds. que quedo a su disposición para lo que necesiten; estuve charlando, curiosamente, con un grupo panameño de WhatsApp acerca de la Epidemiología, por invitación, así que me alegro de que se corriese la voz y se fuese críticos. Pienso que hasta la destructiva es una de las críticas posibles y la acepto con los brazos abiertos. Por ello, si necesitáis algo de mí, podéis contactarme.

        No estás completamente errado, ni yo en lo cierto, en ninguna afirmación. España en el siglo XIV no es la España del final del Imperialismo/Colonialismo, es una España en que Madrid es pasto montañoso, Toledo es un centro intelectual, el levante español con Valencia y Barcelona como máximos exponentes es el centro de atención de todos los comerciantes (Valencia con mucho gremio manufacturero, igual que Barcelona, pero de menor monta), y Andalucía es un territorio (hoy el más poblado de todas las Comunidades Autónomas) profundamente despoblado debido a las guerras que allí se libraron, y adonde Aragón enviaría a todos sus habitantes a cambio de dinero y tierras para que la repoblaran (de ahí que muchos apellidos aragoneses sean los más populares de Andalucía ahora, a pesar de que Andalucía tenga vagos intentos de reclamar una independencia que nunca tuvo). En esas regiones, el pueblo no trabajó la industria, sólo fue por el dinero de reyes y terratenientes a poblar sus tierras y vivir mejor. En las regiones como Barcelona o Valencia, que vivieron la paz antes, se permitieron tener cierta industria, habiendo pasado de corona, o habiendo sufrido la disolución de los reinos musulmanes a la constitución como Reino (de las taifas aragonesas a Balansiya al Regne de València). En ‘las Castillas’, otrora una única, ‘La Mancha’ realmente aragonesa en buena parte, dominó el patrón que comentas, de campesino bajo el dominio de un señor, o en villas con negocios menores propios, el cual siempre que lo llamaba su Rey, por dinero y privilegios (una jurisdicción en el reino; un fuero) cogía a sus hombres y sus armas y se disponía a conquistar al musulmán. Así, España logró ser reconquistada por los españoles (entiéndase España como lo que ahora conocemos, porque habría que esperar 150 años para que fuese un concepto real) y todos los señores y campesinos migraron en busca de un terreno cada vez mayor donde establecerse, un título nobiliario, de los que hoy hay cientos, por más que se disolviesen, y una posición en el Consejo del Reino, que no del Rey. A estos terratenientes, que se defendían de los musulmanes, construían fuertes y gastaban parte de su presupuesto en campañas de guerra movidas por riquezas y, secundariamente, su patria, les debemos que se llame Castilla (Bellver, Mota, Butrón, Loarre, Garcimuñoz, Peracense, Ampudia, Manzanares el Real…). Por esta Reconquista, de siglos, España quedó pobre muchos años, décadas si me apuras, mientras que, en otros lugares, tal cosa no sucedía, por ello, y habiendo un único objetivo marcial común, se retrasó mucho y, sólo las zonas independientes o cristianas lograron un empuje. Perfectamente puedo decir que el grueso de España en 1300 no era Toledo, sino Barcelona. A pesar de que la mayor fuente de intelectuales residiese en esta primera. A partir de entonces, ya reconquistada España y a poco de unirse como único territorio y recabar riquezas sin igual, habiéndose creado Concejos y disuelto aduanas, lanza diversas campañas para ir a ‘Las Indias’, y llega a una América en liza, a la que añade más liza, enfermedad y, algunos dicen, cultura, Universidades e Instituciones -en cuestiones políticas no entro-. Sin embargo, como en la Reconquista, no se invitó a experimentados marineros, como los que formaron Francia, Países Bajos o Portugal para que conquistasen estos territorios. Se llevó a voluntarios a los que se prometía dinero, comida y mujeres. La ‘picaresca’ española. Por eso, llegamos allí, no supimos qué hacer, creamos la figura del ‘virrey’, aunque pocos hicieron bien, trajimos la religión y las monedas, aunque esta última sería el motivo para aislar a todo aquel que no fuese europeo o criollo y considerarlo ‘de segunda’, y malvendimos fortuna, los intelectuales pudieron intentar legar su saber, destacando muchas personalidades sudamericanas (no europeas, ni criollas) entre 1700 y 1850, hasta tal punto que surgieron las Instituciones independientes del Saber, la Política y el movimiento separatista y, España, cuyas arcas estaban débiles porque se metió en mil y una guerras (el Rousillon, Nápoles, Sicilia, Atenas, Flandes, Marruecos, Guinea Ecuatorial, Sudamérica…), vivió cómo todos sus vecinos, en especial Francia e Inglaterra, crecían como Imperios y, aprovechando la oportunidad, crearon vetos mercantiles, libraron guerras contra ella o intentaron arrebatarle territorios y el imperio empezó a decaer. Buscaron una independencia que consiguieron, quedaron Filipinas y Cuba, mientras tuvimos una guerra en que fuimos parte del imperio napoleónico primero, de un rey tirano después, de una 1ª República efímera más tarde y de un rey (Amadeo I de Saboya) que abdicó entre insultos a la socedad, dejando un gobierno ‘turnista’ (ahora tú, ahora yo) entre Cánovas y Sagasta, inmovilista y criticado, que envió a estas islas, con poco presupuesto, ejércitos mal preparados para su orografía, su clima y que no sabían que estas colonias estaban altamente preparadas, y murieron todos, o prácticamente todos. A todo ello, que culminó en 1898 se lo llama ‘desastre de 1898’, y dio paso a la generación literaria homónima. Por tanto, sí, los gremios existieron desde el siglo XIII, y fueron prósperos en las zonas portuarias, pero inexistentes o poco útiles hasta, mínimo, el siglo XV y, para el XVI. Y sí, España fue adelantada al Imperialismo, pero muy, muy atrasada para la creación de gremios (Reconquista) o para la constitución en república, la creación del equivalente a la ‘Commonwealth’ inglesa o de los ‘Municipios’ neerlandeses en Centroamérica (Bonaire, Sint Maarten, etc.), y fue profundamente atrasada para la Revolución Industrial, que sólo hubo en Cataluña, País Vasco y pocas regiones más, desatándose guerras ideológicas bolcheviques, patronales, sindicalistas y de todo tipo, con hasta 2 años de gobiernos comunistas, en Andalucía, lo cual la ruralizó, empobreció y, cuando surgió la 2ª República, de tres años de duración EFECTIVOS, nos trajo una dictadura en que, mientras el norte europeo, menos industrializado, construía ropa, coches y tecnología, nosotros vivíamos en la autarquía y el racionamiento de comida, el pillaje, el estraperlo y (…), hasta 1960 en que abrimos la sociedad a nuevas ideologías y, por ello, surgieron movimientos reivindicativos fuertemente, reunidos, en 1970 el Opus Dei hizo una tecnocracia corrupta que dejó sus puntos positivos, pero muchos vacíos y, en 1975, todo terminó hacia una transición que, al igual que con Sagasta y con Cánovas, dio paso al turnismo que hubo hasta día de hoy, en que ni la oposición suma lo suficiente como para ser el cambio. Por tanto, es nuestra historia la de cometer errores, no invertir en mentes que sustenten el país, vivir a muy corto plazo, no saber gestionar nuestros recursos, ir 50 años por detrás de Europa, cambiar de dinastías y generar separatismo nacional mientras Estados Unidos, 13 colonias, se convierten en potencia mundial, librar luchas sin sentido o por cierta avaricia, instaurar gobiernos efímeros sin control, expulsar reyes, crear guerras entre nosotros (carlismo, civil), permitirlas y exiliarnos (francés) para luego, gracias al pueblo, recuperar España y someterlo (Alfonso VII) o dejar la ‘patria’ por el dinero y los privilegios e ir adonde haga falta, presumiendo de condición, para obtenerlos, entre otros. No te han contado mentiras. A los que seáis ávidos lectores de historia, os recomiendo un libro español, ‘Historia de España contada para escépticos’, de Eslava Galán, uno de los mejores historiadores y críticos de España, que narra con verdades, hechos que desconoceréis y un lenguaje muy socarrón la historia de España, todo lo malo que hicimos y se seguirá haciendo y el mal ejemplo que fuimos en la Reconquista, el Imperialismo y las dos Repúblicas que tuvimos, así como que se nombraban reyes a dedo, pero nunca hubo quien crease Instituciones, como la Francia napoleónica. Se divertirán leyéndolo y verán España de otra manera.

        Gracias por su feedback y no duden, de España a República Dominicana, en contactarme o requerirme para lo que sea menester. Buenos días.

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