Muy buenas tardes y bienvenidos de nuevo al blog. Tras dos años leyendo libros, apuntando datos curiosos en conferencias y estudiando la materia científica, he decidido retomar la serie de ’10 curiosidades’ que ya hice otrora, y que ayuda a divulgar temas complejos y variados en muy pocos minutos de forma bastante visual. Si hay curiosidades sobre las que os gustase saber más o que tratase en un artículo entero, hacedlo llegar en los comentarios de esta entrada y la incluiré en el plan del mes de enero.

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Mimas y la Estrella de la Muerte: NADA QUE VER.

1. Mimas NO es la Estrella de la Muerte, y nadie se basó en ella para crear ningún elemento de Star Wars: el gran cráter de esta pequeña luna de Saturno, bautizado como Herschel y cuyo cuerpo de impacto -si hubiese sido más grande- la hubiese podido partir en dos, guarda un parecido mucho más que sospechoso con la estrella de Star Wars. Sin embargo, en la misma se cita que sus dimensiones son de 140 kilómetros, mientras que Mimas mide 192. Más allá, pese a que esta creencia se haya asentado entre astrónomos, cinéfilos, seriéfilos y otras vides, lo bien cierto es que la primera imagen que se obtuvo de este satélite, y que nos permitió conocer cuál era su verdadera apariencia, se obtuvo en 1980, cuando el Episodio IV de La Guerra de las Galaxias, ‘Una nueva esperanza’, salió en 1977, tres años antes. ¿Se habrá copiado Mimas de Star Wars?

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Orión (de momento).

2. Orión, un cazador que perderá su hombro pronto: Betelgeuse, estrella gigante roja, recae hoy día sobre el hombro de Orión, el cazador. Este astro, en sus últimas etapas, podría haber comenzado ya a fusionar helio o incluso podría estar no muy lejos de la combustión de carbono. Por tanto, todo apunta a que en un plazo de entre 1.000 y 10.000 años, explotará en forma de Supernova de tipo I o II. Esta explosión, que brillaría tanto como la Luna llena y sería visible incluso en pleno día, iría perdiendo fuelle poco a poco y Betelgeuse se debilitaría, meses después, hasta ser indetectable a simple vista. En ese momento, Orión habría perdido para siempre su hombro y en su lugar habría un vacío que destruiría la imagen tan perfecta que durante miles de años hemos tenido de ella. No obstante, en su lugar, una gran venda le sería colocada, al surgir una enorme y brillante nebulosa que sería visible a simple vista desde cielos suburbanos y competiría con la vecina Nebulosa de Orión. (Duda seria: si ya existe una Nebulosa de Orión, ¿cómo llamarán a la nueva?). 

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La lotería y la Astronomía, muy relacionadas matemática y catastróficamente.

3. ¿Qué es más fácil, morir o ganar la lotería? Posiblemente una de sus preocupaciones sea vivir (¿Y quién no iba a preocuparse por ello?). Si le hablan de formas de morir, usted pensará en accidentes, incendios… Vaya, nada bueno. Y si piensa en suerte y dinero, pensará en la lotería, aquello que hace unos días me recordó que la salud es algo con lo que conformarse. Pero, ¿qué es más probable entre ganar la lotería o morir por un gran accidente? Según la Universidad de Tulane, tienes una probabilidad de entre 140 millones de ganar el Euromillones (por algo le habrán llamado así, y no por el premio precisamente), mientras que tienes una probabilidad entre 100.000 de ganar El Gordo. En contraposición, tienes una probabilidad de entre 90 de morir en un accidente de tráfico o una de entre 30.000 de morir en un accidente de avión mientras vas a comprar tu número. Sí, es más posible que mueras comprando tu boleto a que mueras rico tras haber ganado el premio. Incluso morirías antes por el impacto de un asteroide (1 entre 16 millones) que por el infarto de haber ganado el Euromillones (1 entre 140 millones). 

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Pastillas anticometarias, el oro de los tontos de la época.

4. La paradoja cometaria: cuando en 1910 se aproximaba el Cometa Halley, uno de los espectáculos que, se dice, uno no puede irse sin ver –y con razón, pues ocurre cada más de sesenta años-, ante una población desinformada los farmacéuticos y grandes grupos de estafadores crearon el bulo de que este cometa pasaría tan cerca que diseminaría sus gases (cianógeno, les sonará por el venenoso cianuro) y su denso polvo por toda la Tierra, intoxicando a la población y causando su muerte inminente. Ante este catastrófico escenario comercializaron las pastillas anticometarias, unas pastillas que, por los compuestos que supuestamente llevaban, te inmunizaban ante estos peligros y bloqueaban toda fuente peligrosa. Esto no acaba aquí, curiosamente, porque también se hicieron paraguas anticometas y hasta máscaras anticometas (¿Alguien puede decirme cuál es la utilidad de un paraguas anticometas?). Puede parecer irrisorio, pero se facturaron cantidades ingentes de dinero. La paradoja llega al final: a día de hoy cada vez gana más terreno en la ciencia la hipótesis de que la vida pudo venir a partir de uno de estos cuerpos y, quizá de sus gases (entre ellos el cianógeno). ¿Mortal o, realmente, vital? Dejemos esta tarea a los profesionales y no a los estafadores.

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WR102, una estrella que está muy caliente. Y que brilla mucho, eso también.

5. Las estrellas también están muy calientes: En el Universo existen estrellas, llamadas de ‘Wolf-Rayet’ cuyas temperaturas superan los 30.000 grados y poseen, por lo general, una elevada masa concentrada en un reducido espacio. Lo que las hace tan características, luminosas y calientes es que han perdido su envoltura de hidrógeno y se hallan fusionando helio, oxígeno o materiales todavía más masivos en su fragua, desprendiendo una gran cantidad de calor y de materiales enormemente ionizados. Una de ellas, WR102 (Wolf-Rayet 102) en Sagitario, se lleva el premio por ser una de las más raras conocidas y de las más difíciles de encontrar, llevándose todos los récords ya de paso. Su temperatura alcanza los 210.000 grados, se halla en su fase de oxígeno (algo extraño de observar) y, pese a ser un 60% más pequeña que el Sol, posee 20 veces su masa y medio millón de veces su brillo. Un hipotético planeta en su seno sería una bola de fuego, al recibir vientos solares de más de 5.000 kilómetros por segundo (un 2% de la velocidad de la luz), millones de toneladas de gases altamente ionizados y perjudiciales y al enfrentarse a una mole medio millón de veces más brillante que el Sol que cegaría a sus habitantes. Estas estrellas suelen morir y, en casos extremos, dar lugar a explosiones de rayos gamma (GRB), que podrían extinguir especies en la Tierra a cortas distancias. Por suerte, no hay ninguna en las proximidades de nuestro Sistema Solar.

6. Gigantismo estelar: muchos creen que Betelgeuse, esa gigantona que está hinchándose a ritmo frenético (como muchos de nosotros estas navidades), es la estrella más grande del cielo. Es algo que se ha dicho durante siglos, cuando no había forma de medir el resto, y que costará mucho eliminar del imaginario de la gente. En realidad existen bastantes estrellas con el doble de radio que Betelgeuse, siendo la más grande –según se cree-, UY Scuti, en la constelación del Escudo de Sobieski. Esta estrella podría ser 1700 veces más grande que nuestro Sol, lo que implica que, si la situáramos en nuestro Sistema Solar, se tragaría a Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y casi Saturno, al extenderse a lo largo de 8 unidades astronómicas. Betelgeuse ‘solo’ se tragaría hasta Marte. En comparación con estas, tenemos a Betelgeuse (887 radios solares), a Antares (883 radios solares), a Deneb, de quien vais a leer algo en unos segundos, con 220 radios solares o a Rigel, con 79 radios solares. Estrellas gigantes, sí, pero dentro del vecindario.

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El gran Triángulo de Verano que tanto deleita nuestra vista durante meses.

7. El dispar triángulo de verano: posiblemente todos conoceréis el gran Triángulo de Verano, esa perfecta figura geométrica que conforman Vega, Altair y Deneb en las noches estivales y que parece no ponerse nunca, arropada por la Vía Láctea. Las tres componentes son prácticamente igual de brillantes, con magnitud 0, 0.8 y 1.2 respectivamente. Lo que posiblemente nadie sabía es que, pese a lo homogéneo de su brillo, una de ellas se sitúa casi cien veces más lejana que el resto. En efecto, mientras que Vega se sitúa a 25 años-luz y Altair a tan solo 16, Deneb se sitúa a casi 1.500. Ésta, que es mucho más brillante que las dos previas, si se situase a la misma distancia, brillaría en el cielo con magnitud -8, cuarenta veces más brillante que Venus. Deneb, esta estrella colosal, produce en un día tanta energía como la que producirá el Sol en 140 años. Ya conocen algo nuevo sobre esta archiconocida formación.

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Así capturó ayer nuestro seguidor Miguel Ángel Reyes la constelación del Can Mayor, con Sirio como protagonista. Muy baja en el horizonte incluso en época de observación.

8. Ninguna de las tres estrellas más brillantes del firmamento pertenece al hemisferio norte: De todas ellas (Sirio, Canopo y Rigil Kentaurus), solo puede observarse Sirio y exclusivamente desde el sur de Europa entre el invierno y la primavera. Asimismo, las constelaciones más próximas al centro galáctico, ricas en cúmulos y nebulosas brillantes como Escorpión, Ofiuco o Sagitario, no son visibles enteramente desde latitudes superiores a la española. ¿Cómo deberá de ser el cielo estival desde allá sin ellas?

9. La Tierra, enano agujero negro: atendiendo a las ecuaciones que la Física (Oh, ¡gran Física!) nos proporciona para calcular las dimensiones que habría de tener un cuerpo de determinada masa para constituir un agujero negro, podemos echarnos unas risas. Si quisiéramos convertir a la Tierra, un cuerpo de seis cuatrillones de kilos y doce mil kilómetros de diámetro, en un agujero negro deberíamos comprimirlo hasta un tamaño de un milímetro (el mismo que la bacteria más grande detectada hasta la fecha, la Thiomargarita Namibiensis), y no sería, precisamente, un agujero muy serio: sería curioso ver a la Luna girar sola, como un cuerpo privado de su cordura, alrededor de un cuerpo milimétrico inapreciable. Pensamientos del divulgador promedio.

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No está a escala, pero ya os podéis hacer una idea, por el número de Unidades Astronómicas, de la distancia de las cosas. La lejana Voyager tardaría miles de años en llegar a la Nube de Oort, si lo hiciese.

10. Nuestro atractivo Sol: pese a que hayamos visto que el Sol es una enana amarilla, no especialmente llamativa en cuanto a tamaño, luminosidad, temperatura o masa en el Universo (Sí, pero… ¿cuántas podrán presumir de tener vida?), sí que tiene un campo gravitatorio considerable a escala pequeña. La esfera de Hill, mejor denominada de Roche-Hill, define la zona de alcance de un campo gravitatorio, más allá de la cual un cuerpo no se verá atraído por otro o su campo gravitatorio será mayor que el del cuerpo que lo intenta atraer. Esta esfera en el Sol respecto a las fuerzas atractivas de la Vía Láctea se sitúa aproximadamente en unos 3.6 años-luz, poco más de 1 parsec y en las inmediaciones de Proxima Centauri, quien se sitúa a tan solo 4.3 años-luz. A partir de ahí ya hablamos de ‘medio interestelar’, aunque hay quienes prefieren considerarlo como tal a partir de la heliosfera, cuando el Sol ya no ejerce perturbación iónica, magnética, etc. sobre los cuerpos (aunque sí gravitatoria). Este gran campo explica que el Sol pueda atraer a tantos cometas situados a 1 y 2 años-luz en la Nube de Oort y que Proxima Centauri, cuya esfera de Hill se solapa con la nuestra, pueda, igualmente, afectar las mareas cometarias que nos llegan. No existe estrella que perturbe a la nuestra, por cierto, ni en nuestros alrededores ni en todo el Universo de forma perceptible. 

Y esto es todo por hoy. Muchas gracias por vuestra atención, espero que os haya gustado (y os hayáis quedado con ganas de más, porque lo habrá en un futuro). Si así ha sido y queréis que trate algo con mayor profundidad, o queréis hacer llegar vuestra opinión sobre alguna curiosidad, no dudéis en dejar un comentario justo aquí abajo (¡se agradece muchísimo!). Buenas tardes y hasta la próxima.

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4 comentarios en “10 curiosidades sobre ciencia que quizá no conocías

    1. Muy buenos días, Noe, y muchas gracias por su positivo comentario, que me ayuda mucho a continuar con esta saga adelante. En primer lugar voy a recomendarle que lea esta entrada sobre la muerte estelar para que entienda un poco mejor la materia, que publiqué hace meses. No obstante, le voy a explicar su duda de forma pormenorizada. Si quiere tener mejor idea, visite: https://cienciatualcance.wordpress.com/2016/05/11/como-se-forman-las-nebulosas-planetarias/

      El tema de las supernovas es muy complicado, pues existen de muchos tipos. Que una estrella acabe dando lugar a una supernova solo se produce cuando ésta es muy masiva, del orden de 10-11 masas solares o más, en cuyo caso, en lugar de expulsar sus capas y dar lugar a una nebulosa planetaria, explota de forma violenta liberando una enorme cantidad de calor, gases ionizados y elementos que conforman, a día de hoy, toda nuestra tabla periódica.

      Una supernova se da después de que una estrella muy masiva, y generalmente grande, ha ido envejeciendo y por ello agrandándose a medida que el colapso gravitatorio la forzaba a comprimirse (tercera ley de Newton, acción-reacción) tras haber expulado sus capas de combustible (al pesar menos, la gravedad vence al empuje de las reacciones de fusión y la estrella debe variar su tamaño para no dejar de existir). Entonces, sin hidrógeno, comienza a fusionar helio, carbono, oxígeno… así hasta llegar al hierro, elemento que, a diferencia de los anteriores, es endotérmico; esto es: no libera calor, sino que lo consume. Entonces, la estrella colapsa sobre sí misma al no tener energía para vencer a la gravedad y explota de forma violenta. A ello lo llamamos supernova. Más tarde libera gases, elementos, polvo… y en su seno crecerán nuevas estrellas. De esta manera, por ejemplo, nació nuestro Sol y, de los restos de su disco de polvo, los planetas y nosotros.

      Sin embargo, si nos metemos en sus tipos, existen las de tipo I (a, b, c) o tipo II. Las Ia se suelen dar en sistemas binarios en que una ‘roba’ masa a su compañera y llega a un límite en que explota, las Ib y Ic se suelen dar en una de las estrellas calientes que dije antes, las de Wolf-Rayet, que ya han expulsado sus capas y colapsan (aunque también en algunos sistemas binarios).

      Básicamente las de tipo I se diferencian en las líneas de emisión, pues muchas de ellas explotan según el tipo II al no tener masa ni capas, pero al producirse la explosión mediante otro mecanismo particular nos lleva a crear subcategorías.

      Y las de tipo II son las típicas, en las que, como expliqué arriba, se agotan los materiales y simplemente al no poseer energía suficiente explotan.

      Solo eso: necesaria mucha masa, unos 10 millones de años, estrella vieja, agotando su combustible… o bien una estrella binaria que robe masa a su compañera hasta envejecer de forma muy rápida, llegar al límite de masa (de Chandrasekhar, en Astrofísica) y explotar igualmente.

      Espero que esto le haya solucionado sus dudas. Si no ha sido así, coméntemelo y resuelvo y explico cuanto haga falta.

      Un saludo, felices fiestas y próspero Año Nuevo.

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  1. Muy buena la entrada, siguiendo el alto nivel de la bitácora y además alternando con divertidas anécdotas.
    La historia sobre el pánico que se tenía al Cometa Halley, cabe recalcar, me recuerda a cuando Welles hizo en 1938 una dramatización de La Guerra de los Mundos de Welles y hubo histeria colectiva, dos situaciones que a mi me han parecido idénticas.
    Un gran proyecto, esperemos que sigas dándonos tardes de gloria con tus divulgaciones y sigas manteniendo el nivel de esta gran página. 😉
    Javier.

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