Ya informamos en julio sobre la muerte del histórico astrónomo checo Antonín Rükl, cuya vida quisimos contar para que no cayese en el olvido de las nuevas generaciones de astrónomos que viven anclados en el presente. No va a ser menos con Klim Churyumov, quien falleció desgraciadamente ayer a la edad de 79 años en Kharkiv (Ucrania). Posiblemente su nombre no os diga nada a algunos, pero si os hablo del cometa 67P Churyumov-Gerasimenko, visitado por la misión Rosetta, entonces entenderéis mejor la magnitud del suceso.

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Klim Churyumov, nacido en Ucrania un 19 de febrero de 1937, ha pasado a los anales de la historia por ser uno de los más destacables astrónomos de la historia del país, por su larga trayectoria de seis décadas en el campo y, cómo no, por haber descubierto el cometa Churyumov-Gerasimenko, quizá el más mencionado por todos los medios, incluido este blog, desde el año 2014 (no iba a ser para menos).

No obstante, su vida no fue ni mucho menos fácil, pues a la edad de cinco años y siendo otro más de los ocho hijos de la pareja, muere su padre Ivan. De todo ello, él dice recordar solo a sus hermanos y hermanas mayores y a su padre contándole historias estelares, observando las constelaciones al raso y enseñándole folclore, por lo cual desarrolló un gusto desmesurado por la Astronomía. Tras ello, se ve obligado a emigrar como millones de ucranianos a la capital, Kiev, donde consigue cursar sus estudios de forma magistral y graduarse en 1955 a la edad de 18 años cum laude. Debido a ello, fue seleccionado para llevar a cabo los estudios universitarios, cuya tasa de acceso no era, ni mucho menos, la de ahora.

Churyumov eligió, cómo no, los estudios en Física, aunque en numerosas ocasiones contó que en su tercer año de estudio, cuando le tocó especializarse, se sintió triste y decepcionado porque lo relegaron al laboratorio de Óptica cuando él deseaba formarse en Física Teórica. Sin embargo, comenta que a pesar de haber sido escogido para el laboratorio de Óptica, continuó yendo a seminarios de Física Teórica a pesar de que sus superiores en la Universidad de Kiev se lo prohibieron. Pero viendo el nulo caso hacia ellos y su amor por la materia, la Universidad de Kiev decidió darle una de las plazas vacantes para la materia de Astronomía a Churyumov y así contentarlo.

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En 1960 fue enviado al Polo para hacer numerosos estudios astronómicos y en 1962, a la edad ya de 25 años, volvió de este trabajo para trabajar en la planta soviética de Arsenal mientras cursaba su postgrado. Curiosamente en esta planta se dedicó a desarrollar componentes ópticos de la armada soviética y a dirigir los programas y misiones espaciales que tanto dieron que hablar en la carrera espacial. Quien tuvo retuvo, y Churyumov, pese a haber odiado la Óptica y haberse ido prematuramente, destacó en los años que trabajó para el sector.

Desde entonces y tras sacarse el postgrado de Astrofísica, muy prestigioso en la época, abandona Arsenal y pasa a ser profesor en el Departamento de Astronomía de la Universidad de Kieva. Su trabajo, no obstante, no fue fácil, pues se dedicó a realizar expediciones de manera ininterrumpida con su equipo al Cáucaso, Asia Central o Siberia. Fue, precisamente, con una compañera de equipo y en una de estas misiones, Svetlana Gerasimenko, con quien descubrió el cometa 67P Churyumov-Gerasimenko en 1969.

Pero no voy a seguir. Seguro que alguno y alguna a estas alturas se habrá preguntado… ¿Cómo fue el descubrimiento del cometa? Y como todo tiene su preciosa intrahistoria, debemos detenernos un tiempo.

En 1969, Churyumov y su equipo se desplazaron al este de Kazajistán para realizar una de sus famosas expediciones. Por aquel momento, su compañera Svetlana Gerasimenko se dedicaba a observar placas fotográficas de numerosos cometas (publicaron estudios de media docena, incluido el Ikeya-Seki). La observación estaba prevista para el 9 de septiembre, pero los restos de un temporal dejaron nubes y obligaron a posponerla dos días.

En esta imagen, Churyumov fue capaz de observar un cometa que pasaría a los anales de la historia.

 

Un 11 de septiembre de 1969, Svetlana decidió fotografiar el cometa 32P/Comas Solá (descubierto por el astrónomo español Josep Comas i Solà) para analizarlo con mayor precisión. Sin embargo, un error en las placas hizo que ciertas zonas de la imagen se difuminaran. Es ahí cuando entra la suerte vital, la serendipia. Churyumov, quien por curiosidad les echó un ojo, afirmó observar un objeto cometario en el borde difuso e interpretó ante la escasez de pruebas que era el Comas Solá. Gerasimenko, su compañera, fue más allá y dijo que era un mero error de una foto que ella misma había tomado mal y quiso tirarlas, pero aparece aquí la figura del héroe silencioso, Dmitri Rozhkovsky, quien evitó que se tirasen e instó al equipo a que las reanalizasen. Que siempre estaban a tiempo de volver a observar ese punto y salir de dudas.

El encargado de echarles un ojo fue Churyumov, quien fue el único en darse cuenta de que, en efecto, había un punto fuese lo que fuese. Éste, al volver de la expedición y en su Departamento de Astronomía, se sentó días a observarlas de nuevo esta vez sí con los datos de su posición en mano hasta ver que ese objeto yacía dos grados fuera de posición respecto al 32P, error impermisible cuando las órbitas cometarias son de una precisión extrema, de segundos de arco.

 

Tras comunicarlo a su compañera Svetlana Gerasimenko, tomadora de las fotos, decidió avisar y publicar el descubrimiento, que desarrolló tres años después en una de sus tesis de postgrado en la que, curiosamente, puso por delante la observación de otros cometas y, al final, la del recién descubierto. Gerasimenko, obviamente, no cabía en sí del entusiasmo por haber descubierto un nuevo cometa cuando solo iba a observar uno preexistente (y mucho más si pensamos que para ella era un borrón fotográfico).

Churyumov y Gerasimenko en 1975.

Para Svetlana Gerasimenko la historia termina aquí, pero para Churyumov todavía quedaría otro día más de gloria, y es que volvió -en 1986 y a los 49 años- a codescubrir otro cometa, el C/1986 N1 (Churyumov-Solodovnikov) con un compañero de investigación. Dedicó toda su vida a observar cometas y a realizar una labor divulgativa sin precedentes, escribiendo 7 libros y más de 1.000 artículos de divulgación científica sobre temas variados. También era un gran conocido en la televisión ucraniana por aparecer en numerosas ocasiones para hablar de pasadas de cometas, de observaciones estelares y otros temas variados. Podríamos decir que fue el Rükl de Ucrania.

Entre 1999 y 2002, curiosamente, su obra no fue científica. Decidió publicar los poemas que escribió hacía cincuenta años y escribir varios libros de poesía para niños. Siempre afirmó que su pasión era la poesía y el deporte, habiendo practicado natación, fútbol y ajedrez, en el cual destacaba por encima del resto. Tras ese parón en 2002, obtuvo el puesto de Director en el Planetario de Kiev y puso punto final a la etapa de investigación y enseñanza universitaria en 2004. No obstante, siguió ganando galardones a un ritmo imposible de emular por su labor.

No vamos a detenernos en 2004 y decir que solo ha acontecido desde entonces su muerte. Sería muy triste, y no haría justicia con lo que fue Klim Churyumov. Pues no descubrió un cometa ‘y ya está’. Me gustaría despedir esta entrada con alegría, con la alegría de un hombre que vio cómo una sonda aterrizaba en su cometa y se hacía quizá la más famosa del milenio. Con la alegría de un hombre que feneció con la alegría de haber visto antes el final de la misión y haber sido consciente de su grandeza. Porque descubrir un cometa ahora son horas y horas de imágenes, miles de euros de instrumental y programas de ‘tracking’. Pero entonces eran días de imágenes, días de observaciones y días de cálculos, miles de kilómetros de expedición, enfermedades y hasta peligros. Y él se sobrepuso. Ahora, lectores, me gustaría despedirme con la alegría de comentar los últimos años de vida de Klim.

Churyumov y Gerasimenko en 2002.

En 2014 y en una entrevista exclusiva, afirmó llevar siguiendo desde 2003 la misión Rosetta y haber observado su lanzamiento junto con su compañera tras cuarenta años, Svetlana Gerasimenko, en 2004, con la que también afirmó mantener un contacto continuo por Internet y las ganas de verla cuando regresaba de Tayikistán, donde decidió hacer su vida (quién tuviese amistades así tras toda la vida trabajando). En 2006, además, recibió varios galardones y fue condecorado por la Academia de Ciencias ucraniana. En 2014 también afirmó que, tras el fin de la misión, la cantidad de datos sería tan grande como los misterios y le gustaría participar en ellos, cosa que no ha sido, por desgracia, posible, y no paraba de enviar el mismo mensaje para todos aquellos que quisieran estudiar la ciencia y la Astronomía, que yo mismo tengo a mano siempre y utilizo para superar mis flaquezas científicas y que quiero citaros, porque os será muy útil a todos los y las jóvenes que os queráis dedicar a este mundo:

Hay que ser estudiosos, perseverantes, habilidosos en Matemáticas y programación y estar dispuestos a proponer nuevas ideas, a luchar por las propias metas […] Incluso el más talentoso de los científicos pasa por momentos difíciles en su carrera, pero solo la persistencia y el trabajo duro podrán ayudarlo a encontrar la solución a cualquier problema. Los científicos deberían perfeccionar su conocimiento en Matemáticas, Física, Química […] para ampliar su conocimiento general. Todo ello, tarde o temprano, le ayudará a tener la solución a su problema en sus manos. Deseo buena suerte e inspiración a los jóvenes científicos.

Tras ese mensaje, lanzado en agosto de 2014, nos queda la ilusión meses después de ver que la misión tuvo éxito y pudo vencer esos problemas en el aterrizaje, que en 2015 pudo seguir enviando datos que valieron su peso en oro y que, igual que él, la sonda decidió apagarse poco a poco y dejar para la historia un legado de información, de buenos momentos y de visión que vamos a saber aprovechar y recordar para siempre para que su memoria no caiga en saco roto. Y bien feliz que fue de saber que la misión tuvo final, y no menos feliz nos hace que haya podido verlo con sus propios ojos. Tan importante como el conocimiento científico y su ampliación es el conocimiento de los científicos que lo hicieron posible y su preservación en la memoria colectiva.

Esta publicación va por ti, expresamente, Klim. El niño huérfano astrónomo, el joven que luchó contra sus superiores, el adulto que no desconfiaba ni de los puntos borrosos, el senior que continuó descubriendo, el divulgador que escribió miles de piezas, el deportista consumado, el poeta que también a los niños ilustró, el polímata que en su tercera edad siguió los cálculos de los más jóvenes astrónomos e ingenieros, el grandísimo amigo que no olvidó jamás de dónde venía y que siguió hasta el último momento al lado de sus compañeros que lo han visto caer antes de tiempo. La enorme mente que ha inspirado y alentado a dos generaciones y que sin duda lo va a seguir haciendo.

Descansa en paz, vayas a donde vayas, Klim, que esto no es nuevo para ti. Tú ya formabas parte del firmamento de leyendas astronómicas, y el cielo ya tuvo tu nombre dos veces antes de que te tuviese a ti consigo. Tus cometas te visitarán y tus seguidores y aprendices te honrarán y mantendrán vivo mientras lo estén. Muchas gracias por tu labor; ahora te toca el merecido descanso en paz tras una vida que finalizaste sin nada por realizar. Vives en nosotros.

 

 

 

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2 comentarios en “Fallece el astrónomo Klim Churyumov

    1. Saludos, Rodolfo, y gracias por su comentario.

      En efecto, su vida es cuanto menos inspiradora y para todos cuantos hemos podido conocer de él y/o de la misión llevada hacia su cometa, es toda una alegría saber que ha podido ver su desenlace y lo importante que ha sido a nivel astronómico antes de fenecer.

      Descansa en paz, Klim.

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